viernes, 15 de marzo de 2019

+ La magia de un rostro +


El oficio de retratista es duro. Colmado de satisfacciones y también de desengaños. Lo digo desde la experiencia del que quiso, tiempo ha, retratar. Es cierto que puse el listón muy alto, pues no sólo deseaba captar la esencia de esa persona que comprometía el tema, sino también hacerlo de una forma más radical, personal, alejada de la fotografía. Comencé con retratos de familia, y recuerdo los disgustos que me producían las afirmaciones “me has hecho mucho más gorda”, “en vez de quitarme años me los has puesto”, “¡ese no soy yo!”…

Ángeles Cereceda tiene un enfoque más realista, que refleja con sinceridad a la persona a la que pinta, pero al mismo tiempo es libre en su resolución. Para ello procura la máxima fidelidad en el tema principal del cuadro, que es el rostro, y en cambio se siente progresivamente libre de la esclavitud del perfil a medida que se aleja de ese motivo, dando paso al dibujo, la pincelada suelta, el color degradado. Nacida en Santander en 1962, cursó estudios de Publicidad. Posteriormente ingresó en la Escuela de Pintura de J. Torrents Lladó, donde llegó a asumir la dirección artística del centro. Sigue trabajando en su estudio de Palma, aunque su especialidad como retratista la obligue a viajar constantemente.

Cereceda afirma de su propio trabajo: “…no cabe pararse a buscar una explicación ni una justificación sobre cómo o por qué pintas una cosa y no otra. Hacerlo implicaría abandonar ese estado que es sólo emocional y pasar a lo práctico, a lo útil, explicable, consecuente y lógico, a eso que tanto se aleja del trabajo de un artista. Hace mucho que renuncié a explicar mis obras. Mi “cómo” y mi “porqué” responden al simple “capricho” del momento; luego, mientras las realizo, me limito a descargar sobre ellas toda la energía de la que soy capaz para poder dejar la impronta de la sensación que en ese momento me atrapa“.

No podemos disfrutar a menudo de muestras de maestros contemporáneos del retrato, así que no debéis dejar pasar esta oportunidad de verla en Palma. Su exposición está en el Rialto Living hasta el 8 de abril.








- Semana 24 - Javier


- Semana 24 - Joan B.


- Semana 24 - Julia


- Semana 24 - Mercè


- Semana 24 - Miguel C.


- Semana 24 - Pía


- Semana 24 - Bel


- Semana 24 - Clara


- Semana 24 - Coloma C.


- Semana 24 - Emma


- Semana 24 - Esperança


viernes, 8 de marzo de 2019

+ Caperucita +


Como ya sabéis, estudié arte en Madrid, y todavía tengo buenos amigos allí, aunque la distancia, como dicen, hace el olvido. Hablando por teléfono con Jesús, que me saca unos cuantos añitos, después de relatarme todos sus achaques, me contó de un compañero suyo de clase en Valladolid, que acabó ilustrando montones de libros para la Editorial Anaya. Se trata de Javier Serrano. También me recomendó ver un video que circula por Youtube, titulado “La imagen desubicada”, que analiza la trayectoria del artista. Me sorprendieron mucho los dibujos de Serrano y su forma de trabajar. Pinta las imágenes pacientemente y con esmero, en diversas capas de color. Luego utiliza la hoja de afeitar para extraer las capas inferiores y conseguir esos matices tan preciados para los artistas.

No pude sustraerme a la tentación de encargar alguno de los libros que ha ilustrado. Uno de ellos, “Caperucita”, destaca por su gran formato. Así se puede disfrutar de la genialidad de Serrano en toda su amplitud. Las composiciones del cuento son muy atrevidas. El lobo es enorme, su cabezón excede el tamaño de los árboles. Los demás personajes también desbordan el ambiente en el que viven, como si todo se les quedase pequeño. Además, la realidad se simplifica en este mundo de fantasía, y las flores son sencillas esferas de color, los árboles parecen bolas de azúcar de feria y las hierbas recuerdan espinas. Un mundo tan propio de Serrano, tan personal, de ensueño. Y allí están esas superficies vibrantes, llenas de reflejos y tonos. En el taller os lo repito una y mil veces, nunca ir directamente al color definitivo, siempre crear capas de tonos que consigan el misterio necesario para que la pieza funcione. Serrano lo sabe, y añade un matiz sobre otro hasta conseguir una superficie de color que enamora.









- Semana 23 - Geni


- Semana 23 - Gloria


- Semana 23 - Greta


- Semana 23 - Isabel


- Semana 23 - Javier


- Semana 23 - Jovi


- Semana 23 - Julia


- Semana 23 - Maike


- Semana 23 - Marga


- Semana 23 - Maria Antònia


- Semana 23 - María José


- Semana 23 - Miguel C.


- Semana 23 - Montse


- Semana 23 - Paula


- Semana 23 - Ángeles


- Semana 23 - Carlota


- Semana 23 - Emma


- Semana 23 - Esperança


- Semana 23 - Gastón


viernes, 1 de marzo de 2019

+ Una historia tras el cuadro +


A veces tendemos a pensar que las obras maestras tienen un valor en sí mismas, intrínseco, independientemente de los avatares de su invención, o de su tránsito a lo largo de la historia. Y es cierto que una creación artística debe tener calidad para soportar el paso del tiempo, sin ser desechada; pero también la historia que hay detrás de los cuadros les confiere valor. Al fin y al cabo, ¡a los seres humanos nos gustan tanto los relatos! Y en el fondo toda nuestra vida es una novela, que nos contamos a nosotros mismos y recitamos a los demás. Recuerdo que un día que hacía una visita guiada en un museo, para darnos cuenta de la importancia de las narraciones, la guía nos hizo esta pregunta delante de un cuadro de Van Gogh: “¿Y si les dijera que este es el último cuadro que pintó el artista justo antes de suicidarse?¿Lo mirarían con los mismos ojos?”. Seguro que no.

No hace mucho descubrí en la web estas pinturas de cajas que podéis ver más abajo. Están echas con guache sobre papel. El trabajo es delicado y meticuloso, buscando al máximo el realismo, casi fotográfico, de la obra. Incluso los detalles de las arrugas del cartón o los grafismos sobre las superficies parecen muy verídicos. Pensé que se trataba de un artista que había aborrecido los temas tradicionales, por repetidos. No quería pintar más bodegones de frutas o de botellas de cristal. Ni paisajes de ensueño o retratos de su familia. Aburrido de todo, había optado por pintar el objeto más trivial del mundo, una caja de cartón, pero con tal pulcritud y elegancia, que le daba valor de obra artística.

Luego, por curiosidad, indagué sobre la autora: Jeanne Ludeke. Ella, en su web, explica el motivo de estos trabajos (jeanneludeke.com), que nada tiene que ver con el hastío o la apatía. Su madre falleció en el año 2014. Después de la defunción, junto con sus hermanos, tuvo que revisar todas sus pertenencias y enseres. Fue entonces cuando se interesó por las cajas de cartón que usaba su madre para guardar y conservar lo que consideraba importante. Había registrado con etiquetas aquello que contenían. Realmente esas cajas hablaban mucho de su madre, de lo que ella valoraba y deseaba conservar. También de su carácter y su forma de comportarse. Eran una conexión de Ludeke con su familia y su pasado. Dice la artista: “Para mí, las cajas se convirtieron en una metáfora de la transitoriedad del hogar, de la familia y la impermanencia de las cosas”. No aparece en sus cuadros el contenido de las cajas, porque eso pertenecía al ámbito de la intimidad familiar, que no merecía ser violado. El envoltorio ya bastaba para retratar a su madre y su mundo.