viernes, 8 de diciembre de 2017

+ Alegría de vivir +

Los días se hacen más cortos por instantes, la oscuridad se adueña de las tardes y los Ayuntamientos iluminan las calles para aliviar la congoja del alma. Nosotros también queremos poner nuestro granito de arena en estos días oscuros llenando la pantalla de color, el color de Monika Forsberg (instagram.com/monika_forsberg).

Habiendo nacido en Suecia, seguro que sabe de sobra lo que son las largas noches de invierno y la tristeza que acompaña al frío y a la falta de luz. Ahora vive en Londres, y su trabajo parece una cruzada contra la melancolía. Le encanta dibujar animales y lo hace con una gracia insuperable. Pero no sólo eso, también dibuja pasteles, mariposas, flores,  mariquitas, frutas, bombones, tazas de té con sus teteras, galletas, cerezas, limones… Echadle un vistazo a esos puzzles de 1008 piezas que son pura tentación para matar las horas tontas de estas fiestas que se acercan.

Esta ilustradora ha trabajado en proyectos muy diversos y uno de ellos es el de realizar estampados para la ropa (con marcas como la australiana Gorman o la italiana Valentino). Estos días cuando paseo por Palma y admiro los escaparates, con las ropas de fiesta que nos quieren vender los modistos, sólo veo colores oscuros y serios, negros y grises con un toque de blanco o plata, todo muy fino y frío. Y yo me imagino una fiesta de fin de año en la que todos llevaran la ropa que Forsberg diseña. Una fiesta con mujeres engalanadas con faldas de tulipanes y arropadas con chaquetas de caballitos fucsia. Y hombres trajeados con corbatas de avionetas antiguas y ataviados con pantalones de elefantes verdes. Eso sí sería entrar en el año nuevo con alegría, ¡no haría falta ni champán!












- Semana 10 - Marga S.


- Semana 10 - Mercè A.


- Semana 10 - Nora


- Semana 10 - Ana D.


- Semana 10 - Carmen G.


- Semana 10 - Eva


- Semana 10 - Isabel


- Semana 10 - Joana B.


- Semana 10 - Magdalena


- Semana 10 - Marga P.


viernes, 1 de diciembre de 2017

+ Fruta fresca +

Actualmente en el Rialto Living de Palma puede visitarse una exposición de la artista y escritora afincada en Londres Trisha de Borchgrave (trishadeborchgrave.com). El lema que guía la muestra es “Un homenaje a la comida” y los bodegones de fruta y verdura fresca que se representan no quieren ser una naturaleza muerta, como explica ella, sino una apelación a nuestra humanidad. Ante la amenaza ecológica que padece el planeta, Borchgrave quiere que nos posicionemos cambiando la actitud de saqueadores por la de salvadores del ecosistema.

La mayoría de obras son óleo sobe papel. El óleo ha sido barrido con algún instrumento antes de secarse para producir un efecto de envejecimiento que le da misterio a las obras. Pero lo que traigo a colación hoy no son estos cuadros, sino unos realizados con lápices de colores. Porque no es nada habitual encontrar artistas que utilizan este material a nivel profesional. La cajita de lápices nos recuerda a nuestra infancia. Coleccionábamos muchos de ellos para poder abarcar el máximo número de tonos posible, y los guardábamos en una cajita de cartón como quien guarda el arco iris para disponer de él aunque no llueva. Estos estuches de la niñez fueron aumentando hasta las enormes cajas de lápices de colores que puedes comprar en las actuales tiendas de arte. Pero el medio sigue teniendo un carácter infantil y naif. Borchgrave, en cambio, sabe darle un giro al tratamiento. Para empezar emplea papeles de gran calidad, con una suave textura perceptible a simple vista y que deja su rastro al ser marcada. La composición es muy estudiada y permite que ese blanco luminoso del papel juegue a su favor. Luego emplea los lápices de forma sutil y refinada, con mino, para que no dejen un burdo rastro en una pieza tan delicada. El resultado es elegante, coqueto y lleno de color. El color de la fruta y la verdura sanas y naturales que seguro que a la artista le gusta llevar a su boca.











- Semana 9 - Rafa


- Semana 9 - Nora


- Semana 9 - Mercè


- Semana 9 - María


- Semana 9 - Marga P.


- Semana 9 - Maria Antònia


- Semana 9 - Magdalena


- Semana 9 - Julia


- Semana 9 - Joana V.


- Semana 9 - Joana B.


- Semana 9 - Greta


- Semana 9 - Eva


- Semana 9 - Emma


- Semana 9 - Coloma


- Semana 9 - Clara


- Semana 9 - Bel


- Semana 9 - Ana D.


viernes, 24 de noviembre de 2017

+ El sueño americano +


Un fin de semana de viaje da para mucho y ya os he contado dos de las exposiciones que vi en Barcelona. Aunque visité unas cuantas más, no os voy a aburrir con todo lo que vi, pero no puedo dejar de hablar de la que tenía lugar en el Caixaforum titulada “Warhol. L’art mecànic”. Porque Andy Warhol está considerado uno de los artistas más influyentes del siglo XX y aunque todos conocemos de sobra sus trabajos, nada como la impresión de verlos reunidos, a tamaño real, en una muestra de este tipo.

El mismo título de la exposición indica cómo la obra de Warhol se desarrolla utilizando unos medios técnicos que le permitían el registro y reproducción seriada de sus trabajos. Ilustrador en su juventud, y también diseñador gráfico, utilizó medios como la fotografía, la grabadora o la impresión serigráfica de forma sistemática y obsesiva. De este modo su trabajo se aleja del tópico del artista clásico, cuyo gesto y trazo son únicos, intransferibles e irrepetibles. Las intuiciones de Warhol son proféticas, tanto en su forma de trabajar como en su exposición pública y el manejo que hizo de los medios de comunicación de masas.

Como podéis imaginar, la exposición estaba abarrotada. Las imágenes de Warhol son visualmente muy atractivas y todos querían retratarse posando junto a ellas. Me acordé entonces de la visita de la que os hablaba la vez pasada, en la fundación Tàpies. Allí era el único curioso y la soledad sólo se rompía por el vigilante de la sala, que tenía la obligación de contemplar la exposición de lunes a viernes todas las semanas.

Sin embargo, a pesar de la decadencia y el aspecto envejecido de los objetos, que al lado de las multicolores serigrafías de Warhol era todavía más patente, algo allí me llegó más adentro. Porque la obra de Tàpies era cercana en la materia. Hablaba de algo que está escondido en el fondo de la mente, y para ello utilizaba tierra, periódicos, telas, esparto, cerámica. Se podía seguir el trazo manual y consciente del artista sobre aquellos soportes conocidos y cotidianos. Warhol en cambio era distante en sus motivos, en el proceso y en el acabado, mecánico y sofisticado. Era casi un contraste de culturas: la sensibilidad de la vieja Europa, decadente y romántica, buscando el alma en la tierra, sonaba como suenan las tripas, entrañable. En frente, el mundo americano, superficial y vanidoso pero con poder de convicción, sonaba como suenan las máquinas tragaperras. No hay duda de cuál había elegido el público.