viernes, 13 de marzo de 2020
viernes, 6 de marzo de 2020
+Los años cruciales +
Recientemente se ha inaugurado una exposición en la Fundación March de Palma titulada “Els anys crucials (1955-1966)”. Reune una série de obras del pintor catalán Cuixart (Barcelona 1925, Palamós 2007), representativas de una época de investigación y evolución personal del artista. Contemporáneo y amigo de Tápies, fundó junto a él y otros pintores el grupo Dau al Set, uno de los más importantes movimientos artísticos de la España de los años 50. En la época que hace referencia la muestra Cuixart abandona su etapa surrealista para retomar la investigación sobre la materia y los objetos, como eco de su preocupación por la metafísica del Cosmos. Estas obras le dieron fama internacional, reconocimiento y una holgada posición económica. Pero Cuixart nunca se dejó clasificar y definir. Por eso, más tarde abandonó esta línea por agotamiento, al tener la sensación de haber llegado a un formalismo sin contenido, para ir más allá en su búsqueda y retomar la utilización de la figura humana como reflexión sobre el problema de la existencia.
De la multitud de obras de la retrospectiva, más de 70, os traigo algunas que me gustaron por sus tonos neutros y sus propuestas de textura. La elección del color en nuestro trabajo es algo difícil. Aquí, en el Mediterráneo, generalmente tenemos preferencia por la luz y la saturación de los matices. Pero grises y pardos crean también ambientes singulares y sugerentes, como estos de más abajo. La linea perfilada, rascada, trae reminiscencias de los trabajos del hombre primitivo.
El folleto explicativo de la muestra relata cómo Cuixart “…abandonó sus estudios de medicina para dedicarse durante el resto de su vida a la pintura desde el rigor científico, pero también con una inquietud y una rebeldía constantes respecto a sus propios hallazgos”. Me gusta lo de rebeldía respecto a los propios hallazgos. No es difícil rebelarse frente a los otros por el motivo que sea. Pero ser crítico con uno mismo, rebelarse contra nuestra propia rutina, es siempre una puerta hacia nuevos horizontes.
viernes, 28 de febrero de 2020
+ Cuatro ojos +
Estuve recientemente en una conferencia en el Caixaforum de Palma, a cargo del ilustrador salmantino Ricardo Cavolo. Nacido en 1982, hijo de pintor, estudió Bellas Artes en su ciudad natal. Hoy sus ilustraciones han llenado galerías y museos de todo el mundo. Ha trabajado en campañas de publicidad para marcas como Nike, Converse y Coca-Cola, además de publicar varios libros y una novela gráfica.
En la charla hizo un repaso de todo su periplo vital, sus comienzos, luchas, fracasos y éxito actual. Sobre todo para animar a los jóvenes talentos en su compromiso con el trabajo artístico. El principio de su reconocimiento le vino gracias al encargo de un cartel por parte del Cirque du Soleil, que dio la vuelta al mundo. Pero como él explicó, el blog donde publicitaba su obra, después de años de dibujar, contenía miles de ilustraciones y propuestas. Cualquiera podía ver allí su profesionalidad, personalidad definida y estilo característico.
En la librería del Caixaforum vendían varios de sus libros, ya ha publicado nueve y alguno con reediciones. Los que me conocéis sabéis que caí con mucho gusto en la tentación y dos se vinieron conmigo al taller. Os adjunto algunos detalles.
De todas las anécdotas que contó, me quedo con la explicación de porqué sus figuras tienen cuatro o más ojos. Sus padres se separaron cuando era un niño, y su madre volvió a casarse con un hombre de raza gitana. Su padrastro, como a menudo ocurría en aquellos tiempos, era analfabeto, no sabía leer ni escribir. Sin embargo, era enormemente inteligente. Un día Cavolo le preguntó cómo podía ser que él, que no podía leer, supiera tanto sobre todo, sobre las personas, sobre la vida. El padrastro le replicó que desde muy niño vivió itinerante con su padre, vendedor ambulante en ferias y mercados. Y así había visto tantas cosas que había aprendido sobre la vida, y se había convertido en una persona sabia. Cavolo relató que cuando dibujaba un personaje siempre sentía un cierto cariño hacia él, una identificación autor-obra, que le hacía anhelar que fuera sabio e inteligente como su padrastro. Por eso le otorgaba más de dos ojos, pues cuanto más se ve, más sabiduría se obtiene. Y esto es lo que desearía yo para vosotros, que viniendo al taller se os multiplicaran los ojos. Empezarais a ver cosas que antes no veíais, del arte, de vosotros mismos, de la vida, y os volvierais un poco más sabios, si eso es posible.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

















































