viernes, 25 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
+ Mirando el cielo de Besalú
Estos días de fin de año he estado visitando la Garrotxa. Es
una región de Girona que en tiempos remotos sufrió una intensa actividad
volcánica. Prueba de ello son los múltiples cráteres que salpican la zona,
ahora cubiertos de bosques y vegetación. Nos hospedamos en una localidad
llamada Besalú. Capital de Condado en la Alta Edad Media, descansa junto al río
Fluviá. El grandioso puente sobre el cauce es la postal más típica. El casco
antiguo conserva todo el sabor medieval con sus estrechas calles serpenteando
entre orgullosas fachadas de piedra. Iglesias románicas de gran porte salpican
plazas irregulares aquí y allá, con sus interiores silenciosos y en penumbra.
Y de repente, entre tantas notas de antigüedad aún presente, suena una melodía nueva. Levantamos la mirada y encontramos un silla empotrada
en el muro de piedra. ¿Una silla? Sí una silla de metal, ¡no, dos! ¡No!, fíjate
en aquella pared de ahí, ¡también hay una silla! ¿Qué hacen estos objetos tan
cotidianos situados en un lugar tan inverosímil? Están tan arriba que no los
alcanza más que el zoom de la cámara. Elevadas sobre la pared aguantan las
caricias del viento que juega a silbar entre sus patas y el frío que dibuja
carámbanos de hielo sobre el respaldo.
Preguntando por ellas en el bar me dijeron que son fruto de
un intercambio que hubo con artistas italianos hace unos años. Me gustan las
sillas de Besalú. Vivimos atados a nuestras rutinas, a nuestras verdades, a
nuestras costumbres, a nuestros dogmas. Nos levantamos y seguimos como
autómatas fieles a nuestros esquemas desde la mañana a la noche. No hay lugar
para la imaginación. Los cuadros para la pared, los platos sobre la mesa y las
sillas en el suelo. Pero no, no tiene porqué ser siempre así. De hecho es un
convencionalismo más. Yo te propongo: mira por la ventana, siente el sol de
invierno tan agradable sobre la piel. Sal a la terraza. Colocarás los cuadros
en el suelo, te sentarás en la silla y reclinándote levantarás las patas
delanteras, apoyando el respaldo a la pared y sosteniendo el plato sobre las
rodillas. Así saborearás lentamente la merienda mientras contemplas el cielo.
Pues a eso nos están invitando las sillas de Besalú, a mirar el cielo. Un cielo
nuevo donde todo es posible.
viernes, 11 de enero de 2013
+ Ámbar artificial
Si habéis tenido tiempo durante las vacaciones para visitar
la exposición Expanded Drawing del Casal Solleric seguro que os sorprendió el
trabajo de Ricard Chiang titulado “Raíces”. Como sabéis esta exposición se
dedica a nuevas formas de tratar el dibujo, más allá del lápiz y el papel
tradicional. En este caso el soporte de la obra crece tanto a lo ancho que
acaba engullendo el trazo. El material ya no aguanta que lo rayen, que hagan
surcos en él, sino que se traga el dibujo y lo conserva momificado en su
interior. Se asemeja a la resina de aquellas primitivas coníferas que al
brotar del tronco iba devorando todo lo que encontraba a su paso, para darle un
barniz de eternidad. Ésta se llama resina de poliéster. Ha cambiado su color
dorado amarillento por un violáceo frío, cual bloque de hielo que no suda. Su
artificialidad no le quita misterio. En las manos de Chiang el material se
convierte en objeto de lujo. Su tesoro está formado por raíces naturales y
tinta china jugando entre vacíos y enredos, transparencias y negros. Ámbar
artificial que encierra nuestros pensamientos fluyendo en viscoso poliéster.
viernes, 21 de diciembre de 2012
+ Expanded drawing '012
Se acercan las fiestas y como ahora tendremos más tiempo
para pasear por Palma os recomiendo la visita de la exposición titulada
“Expanded drawing ‘012” que permanecerá abierta hasta el día de reyes en el
Casal Solleric. Según explica el texto que introduce la muestra, el arte
contemporáneo a expandido las fronteras de las diferentes disciplinas que
tradicionalmente lo constituyen. La pintura, la escultura, el dibujo, la
fotografía, el vídeo, ya no son categorías cerradas. El propio dibujo ya no es
considerado un lenguaje secundario ni se limita al trazo sobre el papel. Más
que reflejar el proceso creativo, el dibujo en su vertiente expandida aparece
como un compendio de soluciones visuales que tienen en la línea su pilar.
Destacamos tres obras en especial, cuyos autores son
Shinique Smith (tinta, tela, acrílico y collage sobre papel), Cornelia Parker
(hilo de acero), y Mariana Vassileva (cable eléctrico, zapatos y leds). Las dos
primeras juegan a la contra, una es la antítesis de la otra. La tinta china
está llena de vitalidad y espontaneidad. La variedad en el grosor de los trazos
crea una tensión que saca al collage de su atonía. El hilo de acero, en cambio,
carece de individualidad, es frío y distante. Sin embargo, al estar la malla
montada sobre el vacío se proyecta su sombra en el blanco del soporte
favoreciendo un doble juego de realidad/ficción muy sugerente.
Por último la instalación de Vassileva recrea un árbol
adosado a la pared. Los hilos eléctricos unidos simulan el tronco, que en su
inclinación crea una dinámica de vida. Los cables al separarse se asemejan a
ramas mecidas por el viento. En sus extremos brillan las luces de los leds a
modo de frutos dentro de sus envolturas de zapato. Nuestros pasos crean rastros
que con el transcurso del tiempo forman bosques de senderos.
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