viernes, 21 de febrero de 2014
viernes, 14 de febrero de 2014
+ Luz del norte +
La mayoría de veces escribo sobre pintores a los que sólo conozco a través su obra. Nuestro trabajo habla mucho de cómo somos y podemos intuir el carácter del artista viendo de qué modo usa el pincel, qué temas elige, qué colores utiliza. Hoy en cambio, voy a hablar de la persona que está detrás de cada uno de esos trazos, siguiendo el hilo de la última reflexión que hacía sobre cómo pintar paisaje. Se trata de Geirr Meisingset y para conocer sus trabajos en más profundidad podéis visitar: www.akvarell-meisingset.com.
Geirr es un noruego que hace honor a su origen vikingo. Tan alto que a menudo tiene que hacer un acto de humildad para no darse un coscorrón con el dintel de las puertas. El color de sus ojos es de un azul grisáceo como el del cielo en esas latitudes. Siempre tiene la sonrisa dibujada en los labios y su fácil palabra emplea muchas lenguas con igual soltura. Ha sobrevolado mil mares y habla de países lejanos como quien habla del salón o la cocina de su casa. Sus padres eran campesinos en Noruega y trabajaban la tierra en una granja que había pertenecido a su familia desde tiempos inmemoriales. Su ocupación de niño era principalmente el cuidado del ganado. Él cuenta historias sorprendentes, como la de cuando dormía la siesta recostado sobre el vientre de una vaca que lo había adoptado como ternero propio. Ahora vive en el corazón de Copenhague, pero sus orígenes están siempre presentes en su mirada.
No es de extrañar que la obra de Geirr se centre en el paisaje y su relación con el ser humano. La técnica que ha cultivado desde el principio y con la que se siente a gusto es la acuarela. Agua, color y agua, como la que corre a raudales en su país. En cada trabajo busca la síntesis de lo que ve. Los colores son amables, moderados, reflejan la luz del norte. La pincelada es segura, firme y no podría ser de otra manera viendo sus manos tan rotundas. Geirr quiere ir más allá del detalle y la anécdota para llegar a una nueva percepción del entorno, más profunda y esencial, pues las cosas nunca son como se ven a simple vista. Recuerdo cuando estuve en la boca de un glaciar en su compañía y pude comprobar cómo el color del hielo no es blanco. ¿Cuál es el matiz de un bloque inmenso de hielo? Tendréis que viajar a Noruega para saberlo.
viernes, 7 de febrero de 2014
+ Paisajes de Osuna +
Cuando estuve en Sevilla no nos quedamos sólo en la capital, sino que también visitamos algunos conocidos pueblos de los alrededores. Habitualmente lo primero que busco es la Oficina de Turismo porque allí conseguimos un plano con el que movernos y orientarnos. Llegamos por la mañana a la ciudad de Osuna y cual fue nuestra sorpresa al encontrar una estupenda sala de exposiciones junto a dicho establecimiento. En ella se podía admirar una muestra de paisajes andaluces hechos con maestría, obra de la artista Lola Montero.
Nacida en Cádiz en 1968, su familia se trasladó a Osuna poco después. Cursó sus estudios superiores en Sevilla, donde se licenció en Bellas Artes. Su obra se centra en la investigación del paisaje. Le gusta mucho utilizar como soporte la madera y consigue dotar a sus obras de gran profundidad mediante veladuras suaves y transparencias del soporte, acompañadas de empastes en los lugares donde quiere transmitir solidez. Los trabajos que vimos eran de gran calidad y fue una gozada poder contemplar la exposición, que era una síntesis de sus últimos años de trabajo.
El paisaje es un tema difícil. Durante siglos considerado un género marginal, fue ganando protagonismo y ya con los románticos tenía sentido por sí solo, sin necesidad de que la figura humana le diera valor. Los impresionistas lo utilizaron una y otra vez en sus trabajos y pronto pasó a ser el motivo exclusivo de muchos pintores. Mi bisabuelo, convencido pintor de "plein air" contaba que una vez se le acercó un campesino y al verle trabajar en medio del campo, caballete instalado y pinceles en la mano, le preguntó: "¿Qué santo es este que está usted pintando?". Efectivamente, un tema sin sentido para la tradición pasó a ser protagonista absoluto y más tarde del abuso llegó el cansancio. Para muchos artistas pintar paisaje hoy es sinónimo de decadente.
Por eso me gustó ver la exposición de Montero ¿Cómo trabajar el paisaje sin caer en lo decimonónico? Os he adjuntado dos cuadros. El primero es una vista de Sevilla. Pero, ¿dónde está la Sevilla que todos vemos al visitar la ciudad? La catedral se ha transmutado en una fábrica que se refleja en el Guadalquivir. Porque la saturación que nos producen los monumentos fotografiados mil y una veces nos lleva a buscar nuevos puntos de vista. Y la serenidad con que esos volúmenes grises descansan sobre la corriente está llena de poesía y habla mucho sobre nuestras vidas, envueltas en geometría y soledad.
Sin embargo, cuando retrata Osuna, ciudad en que vivió toda su niñez y su adolescencia, su patria, no puede sustraerse a contar lo que yo visité al pasar por allí: El Colegio-Universidad de la Purísima Concepción y la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción, con los cerros al fondo. Porque, quién no lleva en su corazón la Catedral o la Plaza Mayor de su pueblo. Y aunque ya se pintaron una y mil veces, cuando lo hacemos nosotros rendimos tributo una vez más a todos aquellos que con su esfuerzo hicieron de nuestras ciudades lugares tan hermosos y llenos valor.
viernes, 31 de enero de 2014
+ Carácteres estampados +
Siempre que viajo a una ciudad importante no dejo pasar la oportunidad de visitar el museo de Arte Moderno. En España tienen unas denominaciones de lo más burlescas (MNCARS de Madrid, IVAM en Valencia, MEAM de Barcelona…), y voy con la confianza de que su contenido no sea tan ridículo como sus nombres (por suerte en Palma lo bautizaron con un título tan elegante como "Es Baluard" pues antiguamente era un lugar estratégico en la defensa de la muralla de la ciudad). En Sevilla se llama CAAC y está ubicado en la antigua Cartuja.
La exposición principal en estas fiestas era una retrospectiva de la artista Sylvia Sleigh. Nacida en Gales en 1916, la primera parte de su vida transcurrió en los sombríos años entre las dos guerras mundiales. A comienzos de los 60 se trasladó a vivir a Nueva York en un momento de gran efervescencia artística y social. Vivió en la Gran Manzana hasta su muerte a los 94 años. Su marido era un conocido conservador del museo Guggenheim y ella se dedicó principalmente a retratar a su círculo de amigos y conocidos: críticos de arte, coleccionistas y artistas, vestidos o desnudos. Su obra, totalmente heterodoxa y personal, siempre fiel al realismo, chirriaba con el discurso abstracto dominante en su entorno y su visión liberal, erótica y muy femenina desafiaba la rígida postura conservadora de la época.
Elegí estos seis cuadros que os adjunto porque vi una clara relación entre ellos por parejas: dos bustos sentados, otros de primer plano y por último dos desnudos. Muchos de vosotros en el taller habéis pintado retratos e incluso os dedicáis exclusivamente a la figura humana, por eso imaginé cuán sugerente os podrían resultar las pinturas de Sleigh. Se dice que el retrato muestra el alma o el carácter del modelo, su espíritu. Viendo estas obras llegué a la conclusión de que la autora había querido contar el temperamento no sólo con la expresión de la cara, la postura de las manos o la actitud del cuerpo, sino también a través del estampado que envuelve a las figuras. Qué planteamiento tan original, contar a las personas a través de un motivo impreso.
Como por ejemplo la primera mujer, sentada en un sofá tapizado con sedas clásicas, rancias, cuando ella desearía una vida llena de color como el de su vestido. O el intelectual sosito y formal que esconde un mundo de pasión y lujuria semejante al que le envuelve. El siguiente estampado nos habla de alguien sofisticado y complejo, tan altivo que ni se digna a mirarnos. Contrasta con la joven enlutada, que quiere aparecer fría y distante pero su mente rebosa romanticismo y sensualidad. Los desnudos son irreverentes, descacharrantes. La mujer del sofá azul quiere aparentar refinamiento y alcurnia, pero todo es fachada y fingimiento. La joven rubia todavía sueña en príncipes azules y hadas madrinas. Y si Sleigh tuviera que retratarnos a nosotros, ¿qué patrón escogería? No podemos responder, pues qué poco nos conocemos a nosotros mismos y qué bien sabemos cómo son los demás.
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