viernes, 8 de febrero de 2013

+ Reciclando el marco de la abuela


El arte moderno suele huir de los marcos. Las razones son varias pero a mi parecer la más importante es la económica. El artista tiene que costear todos los gastos de su arte, que no son pocos. Y el marco supone un gasto más. Así pues, si puede obviarse mejor. Es verdad que muchas piezas de arte moderno no necesitan ser encuadradas. La fuerza que poseen acaba en el límite de la tela y un cerramiento sería superfluo, incluso molesto.

Sin embargo, a veces el marco añade un plus de contenido a la pintura. Puede ser algo muy simple, una línea más de la obra. O bien algo poderoso, como es el caso que os presentamos hoy. En estos trabajos de Ñaco Fabré el juego entre la sencillez del contenido y el amaneramiento del marco crea una tensión excelente. La pureza del trabajo se diviniza, se ennoblece con el dorado y sus resabios de retablo barroco. Pasado y presente se dan la mano y se llevan bien, se gustan.

Ciertamente, los marcos que aparecen en estas obras están hechos a medida y a posteriori, una vez finalizada la pintura. Sin embargo nosotros podemos recorrer el camino inverso. ¿Quién no tiene un marco de la abuela guardado en el trastero sin saber qué hacer con él? Es demasiado anticuado para convivir con nosotros, pero su calidad no nos permite desecharlo. Es muy probable que el marco contenga una obra de pobre valor artístico. En este caso nos despediremos de ella sin mucho rubor. Luego tomaremos la medida del interior del marco y conseguiremos un bastidor entelado de esas dimensiones sobre el que trabajar. Acabada la pintura, será abrazada cálidamente por la moldura que la estaba esperando y el recuerdo de la abuela volverá a estar presente en la pared de nuestro hogar.




Semana 21 - Pep


Semana 21 - Mercedes L.


Semana 21 - Llorenç


Semana 21 - Marga



Semana 21 - Coloma C.


Semana 21 - Sonia



Semana 21 - Bel P.


Semana 21 - Élide


Semana 21 - Julia


Semana 21 - Àngel


Semana 21 - Gloria


Semana 21 - Mercè A.



Semana 21 - Ann-Sofie


Semana 21 - Joana B.


Semana 21 - Bel S.


Semana 21 - Sebastiana


viernes, 1 de febrero de 2013

+ Sixtina 3D


Todos los que hemos viajado a Roma hemos peregrinado a la Capilla Sixtina. Es un lugar inexcusable, como la Fontana di Trevi y el Coliseo. Yo lo hice hace muchos años. Cursaba lo que antes se llamaba COU y estábamos de viaje de fin de curso. Llegamos a la Ciudad Santa en tren desde Barcelona, pues por aquel entonces eso de los vuelos directos desde Palma era un lujo al que ahora estamos muy habituados. Flashes dispersos me vienen a la memoria de aquella visita. Recuerdo la escalinata larga por la que se descendía hasta llegar a la sala. También recuerdo que había mucha gente. Mogollón decíamos a los dieciocho. Y, de hecho, todo el mundo hablaba a la vez. Era un murmullo suave que iba en aumento progresivamente. Las voces de unos ocultaban a las demás y todos iban subiendo el tono. De repente desde los altavoces alguien llamaba al orden dando unos firmes golpes sobre el micrófono y exigiendo silencio en no sé cuantos idiomas. El murmullo bajaba de repente, pero luego poco a poco recuperaba su ritmo, más y más alto, hasta que la recriminación lo suavizaba de nuevo.

¡Había muchas cosas que comentar! Recuerdo cómo un andamio enorme partía la capilla por la mitad. A un lado unas pinturas estaban cubiertas por una pátina añeja. El paso del tiempo les había conferido solera y dignidad. Al otro lado unas figuras de colores chillones y aparentemente recién pintadas lucían descaradas. En medio, ocultos tras el andamio, un equipo de restauradores japoneses (eso nos dijeron) estaban obrando el milagro. Creo que todo el murmullo de la sala lo provocaban ellos. Estábamos estupefactos por el cambio y no atinábamos a decidir cuál de los dos lados era el mejor.

Sea con restauración o sin ella, la Capilla Sixtina es extraordinaria. Construida en la época del papa Sixto IV, que le da el nombre, inicialmente servía de capilla de la fortaleza Vaticana. Posteriormente pasó a utilizarse como sala para la celebración de los Cónclaves y la coronación papal. Miguel Ángel Buonarroti recibió en 1508 el encargo de Julio II de repintar la capilla que originalmente estaba cubierta con un cielo azul y estrellas doradas. En un principio rechazó el encargo por sus dimensiones. Él se consideraba antes escultor que pintor y este proyecto era sólo una distracción de su verdadero trabajo. Aunque el programa inicial consistía en pintar sólo a los doce apóstoles, ante las reticencias del artista el papa le dio permiso para plasmar las escenas y personajes bíblicos que él eligiera. Cuando el trabajo estuvo terminado Miguel Ángel había pintado más de 300 figuras.

Como Roma nos queda un poco lejos, ahora podemos penetrar en la Sixtina con el ratón. El siguiente enlace nos permite acceder a la sala y verla en todas direcciones, acercándonos y alejándonos con los comandos de la parte inferior izquierda. No podemos sustituir nunca la experiencia original, pero sí abrir el apetito con un pequeño aperitivo:

http://www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr/



Semana 20 - Sebastiana


Semana 20 - Sofía