viernes, 12 de junio de 2015
viernes, 5 de junio de 2015
+ Con los ojos cerrados +
¿Os imagináis ir al Museo del Prado y visitar todas sus salas con los ojos cerrados? ¿Un disparate? Pues es la dura realidad de muchas personas con algún tipo de discapacidad visual. El sentido de la vista es algo tan connatural con nuestra experiencia que no somos conscientes del privilegio que supone poder percibir el mundo a través de nuestros ojos. Algunos ya nacieron sin visión y no pueden valorar el arco iris que inunda nuestra vida a cada instante. Otros la perdieron más tarde. Es el caso de un amigo de Madrid que, debido a una enfermedad congénita, tuvo el desprendimiento de ambas retinas en la adolescencia. De repente se hizo la oscuridad en su vida. Sin embargo, supo reponerse de este dramático suceso pensando que no hay peor esclavitud que la del miedo. Al principio se daba tortazos con las cosas que se cruzaban en su camino, pero aprendió a manejarse sólo con el bastón y la intuición. Ahora trabaja para la ONCE.
Precisamente esta institución, en colaboración con el Museo del Prado y la Fundación AXA, han organizado una exposición para personas con discapacidad visual. Está situada en la galería norte de la planta baja del edificio Villanueva, en el Prado, hasta el 28 de junio. En concreto hay seis cuadros en relieve para ser tocados con las manos, que son: “La Mona Lisa” (da Vinci), “La fragua de Vulcano” (Velázquez), “El caballero de la mano en el pecho” (El Greco), “El parasol” (Goya), “No li me tangere” (Correggio) y “Bodegón con alcachofas, flores y vasos de cristal” (Juan Van Der Hamen). Para los invidentes de nacimiento puede ser una gran experiencia poder intuir, por ejemplo, cómo es esa mujer de Da Vinci de la que tanto han oído hablar y que todo el mundo conoce. Y para el público en general, el museo presta unas gafas opacas (que impiden la visión) y facilitan compartir la experiencia sensorial de alguien que no puede ver, a la vez que descubrir nuevas dimensiones en las obras que han observado una y mil veces. Afortunados nosotros, que podemos jugar a no ver, aún viendo.
viernes, 29 de mayo de 2015
+ Dr. Woo +
Están de moda las barbas y los tatuajes, buena noticia para los barberos y tatuadores. Para afeitar una barba correctamente hay que saber cómo se comporta el pelo. Para hacer un buen tatuaje hay que conocer el carácter de la linea. Seguramente los barberos también saben de lineas, pues éstas se enuncian como la confluencia entre dos planos, y al rasurar una barba se define la intersección del plano de la piel y el del vello. Su coincidencia debe formar un límite armónico y bien perfilado para que el corte sea hermoso.
La linea, esa gran olvidada. Bien lo sabéis en el taller cómo insisto en que aprendáis a modularla, a trazarla gruesa y fina, de un tirón y sin miedo. La linea habla de las cosas que describe, su trayectoria cuenta, enseña, define. Cuando nuestro pulso no muestra habilidad en el trazo, se esconde en los tramados que sólo la emborronan. Tengo una amiga que estuvo dos años en Pekín estudiando el idioma chino con una beca de la comunidad europea, y vaya si lo aprendió. Aprovechando la coyuntura se apuntó a un curso de tinta china para mejorar sus conocimientos sobre esta cultura milenaria. Duró tres meses. El caso es que durante todo este tiempo el profesor sólo le permitió coger el pincel y trazar una linea recta. Como no dominaba bien el asir el pincel, según el profesor, no salía una linea adecuada y no podía avanzar. "¡Tres meses haciendo rayas!", se quejaba ella. Pero yo creo que fue una completa inmersión en la esencia real de la cultura china: constancia, sacrificio y búsqueda de la perfección que marca la tradición. En Oriente sí saben hacer lineas, pero nosotros no tenemos paciencia para aprenderlas. Las barbas peludas y abandonadas son una muestra de éstas nuestras lineas, trazadas sin orden ni concierto.
Brian Woo, de 33 años de edad, apodado el tatuador de Hollywood, reside en Los Ángeles. Allí una larga lista de celebridades (como Rihanna o Johnny Depp) le han pedido que decore su piel. Desde los trece años las agujas y la tinta han sido su pasión, primero al salir de clase, luego como aprendiz en el taller de Mr. Mark Mahoney y por fin por su cuenta. Instagram es su gran escaparate, donde tiene casi medio millón de seguidores (http://websta.me/n/dr_woo_ssc). A menudo los clientes le piden nuevas versiones sobre trabajos que ya publicó allí. Entre las lineas de los maestros zen y los tatuajes del Dr. Woo hay un abismo, y aunque él no lleve barba, pues se ha tatuado hasta el cuello, es bien cierto que sus dibujos tienen vida y elegancia gracias a la delicadeza de sus lineas. Tal vez por eso Woo rehuye el color, para que el trazo se manifieste en toda su pureza. Si sus dibujos os han cautivado y súbitamente habéis pensado volar hasta su taller para inmortalizaros la piel, tened en cuenta que la lista de espera para conseguir un tatuaje suyo es de unos seis meses….
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