viernes, 15 de abril de 2016

+ Pájaros enjaulados +

Seguimos escribiendo para artistas que viven en un mundo de 7000 millones de habitantes. Sí, me refiero a los que no disponen del desván de la abuela para guardar todas sus obras. Y es que aparentemente el gran formato es una demostración de la valía de un artista, pero existen trabajos que son como pequeñas gotas de elixir, destilan gran aroma sin necesidad de un envase solemne y voluminoso. 

Sara Landeta, ilustradora nacida en Santa Cruz de Tenerife (www.saralandeta.com) utiliza como soporte de sus últimos trabajos cajas de medicamentos. La serie se titula “medicina como metáfora” y refleja en su interior imágenes de aves de diferentes familias, realizadas con lápices de colores, como es habitual en ella. Son una colección de 120 cajas de fármacos que han sido consumidas por diferentes pacientes para superar sus respectivas enfermedades. La artista recuerda que el pájaro es el único animal capaz de conectar la tierra con el cielo, y a la vez es una de las principales criaturas en cautiverio. Así, ella interpreta al paciente como un animal prisionero; el pájaro es su metáfora. Según Landeta, las aves aprenden a estar confinadas, pero no dejan de querer volar, y es eso lo que las mantiene vivas, como a los enfermos.

Al desmontar las cajas para que adquieran una superficie plana la autora obtiene un formato extraño, irregular, con entradas y salidas, pestañas, agujeros. Además, la superficie no es totalmente plana; posee rasguños, hendidos, perforaciones… Todos estos detalles interactúan con la imagen alada y le dan energía. Los pájaros no estarían tan vivos en un volumen rectangular. Parecen estar buscando la puerta de salida, como les sucede a todos los que viven enjaulados. La elaboración de la estampa es minuciosa y detallada, atendiendo con cariño y delicadeza a la estructura de los elementos, la anatomía del animal, el equilibrio de la composición. Sus cajas desarmadas dicen mucho con tan poco, son conciencia en busca de libertad.









- Semana 29 - Mercè A.


- Semana 29 - Paula


- Semana 29 - Titi


- Semana 29 - Ana


- Semana 29 - Ángel


- Semana 29 - Ángeles


- Semana 29 - Anne-Sofie


- Semana 29 - Coloma C.


- Semana 29 - Coloma M.


- Semana 29 - Eva


- Semana 29 - Geni


- Semana 29 - Gloria


- Semana 29 - Maike


- Semana 29 - Maria Antònia


viernes, 8 de abril de 2016

+ Poética de lo mínimo +

Generalmente los artistas protestamos por la falta de un buen almacén. Porque al ejercer nuestra creatividad, producimos objetos que ocupan un espacio físico, a menudo bastante considerable. Y claro, creación tras creación este volumen de obra va en aumento. Poco a poco cubre las paredes de  nuestros hogares. Luego invade las viviendas de nuestros amigos y familiares. También y con suerte, la de algún desconocido que está dispuesto a pagar por ella. Y como habitualmente nuestro afán es más intenso que nuestra capacidad de reparto, la masa pictórica sigue en aumento. Así que empezamos a entrar en contradicción con nosotros mismos, pues a la vez que experimentamos un gran placer y realización al trabajar, sentimos que la producción física está ocupando nuestro lugar en la casa y no queremos que nos saque de ella.

Mateo Pizarro (www.behance.net/mateopizarro) es un artista colombiano, afincado en San Petersburgo, que parece haber encontrado la solución a este dilema. Sus obras son dibujos realizados en blanco y negro, a lápiz o con plumilla, de gran nitidez y detalle, sobre personajes reales o imaginarios. Y lo que tienen todos en común es su reducidísimo tamaño. Tan pequeños son estos dibujos que para poder hacernos una idea de su escala, el autor sitúa un objeto cotidiano y reconocible, de pequeñas dimensiones, a su vera.

Los dibujos son delicados, con una valoración del claroscuro muy acertada, y una atención al detalle, a la textura de las superficies reproducidas, extraordinaria. Pero lo que me cautiva es la combinación de sus dibujos con los objetos en la fotografía que reproduce para indicar su escala. Porque allí establece un diálogo nuevo que gira el sentido de toda la obra. Los dibujos salen fuera del papel y empiezan a jugar con su entorno. Ya no tienen dos dimensiones sino tres. Cobran vida y dicen cosas más allá de su simple apariencia. Pequeños tesoros que valen apenas una moneda, lápices sorprendidos de lo que ha salido de su boca, cerillas consumidas ceden su luz al grafito. Miniaturas éstas, con un valor inverso a su tamaño.

Y se acabó el problema de espacio. El almacén de Pizarro no debe ser más grande que el cajón de su escritorio. Eso sí, esta victoria sobre el volumen tiene efectos secundarios, pues basta ver los ojos que se le han quedado después de una sesión de trabajo…












- Semana 28 - Bárbara


- Semana 28 - Bel


- Semana 28 - Cati


- Semana 28 - Coloma C.