jueves, 30 de enero de 2020

+ Inventar la ligereza +


Hablamos una vez más de artistas chinos. Quise la semana pasada reflexionar sobre la utilización de técnicas tradicionales, como la tinta china, por parte de artistas de hoy en día. Pero a veces lo que se revive no es el medio sino el espíritu.

Este sería el caso de Zao Wou-Ki, convertido en el segundo artista de posguerra más cotizado del mundo, solo después de Andy Warhol, y en el sexto más caro de todos los tiempos. Nacido en Pekín, se educó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Hang-Tcheu donde fue encauzado dentro del clasicismo Song y Ming. Pero los contactos internacionales de su familia le permitieron viajar a París y entrar en contacto con el mundo inquieto de las urbes europeas, nacionalizándose francés en 1948. En 1959 viajó a Estados Unidos y trabó amistad con pintores del Expresionismo Abstracto americano. Falleció en Suiza a los 93 años en el 2013.

Zao Wou-Ki decía que había intentado “inventar la ligereza”. Según él “…la pintura china dejó de ser creativa a partir del siglo XVI. Desde entonces los pintores chinos no hicieron más que copiar lo que la gran tradición Han y Song había inventado. El arte chino se convirtió en una serie de recetas de fabricación, al confundir lo bello con la habilidad. Desde la infancia, viví esa tradición como un molde del que tenía que librarme”. Los críticos de arte afirman que Wou-Ki tiene una visión china del universo. etérea, lejana, contemplativa. Esta visión se expresa en la conjunción entre lo abstracto, asumido desde la pintura contemporánea, y lo gestual heredado de la caligrafía china.

En vez de ilustrar su obra con imágenes de grandes lienzos, he preferido recoger algunas acuarelas, medio con el que Wou-ki se sentía muy cómodo. Sobre todo para ver la diferencia con las tintas chinas de Zhang Guang, tan cercanas a la figuración más tradicional de aquella cultura. Cualquier medio pictórico puede llevarnos hacia la tradición más respetable, como a la modernidad más rabiosa. La decisión la tomamos nosotros, al dirigir el rastro de nuestra mano. 












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