viernes, 10 de mayo de 2013
viernes, 3 de mayo de 2013
+ Llevarse el cuadro puesto
La última vez que visité Madrid pude contemplar una muestra
titulada “Fashion Art”, cuya carta de presentación os transcribo más abajo:
“Fashion Art nace en 1988 de la iniciativa del diseñador
valenciano Manuel Fernández con el deseo de ofrecer a los artistas más
sobresalientes del panorama pictórico internacional un soporte nuevo y
excepcional, un vestido, diferente para cada uno de los integrantes del
proyecto.
Manuel Fernández diseña cada traje-lienzo tras un importante
intercambio de ideas con el artista, para que la adaptación entre diseño de
moda y obra plástica sea total y crear un nuevo lenguaje donde los pintores
plasmen en la tela su estilo, su técnica personal y su manera de comunicar. Más
de 150 artistas participan en esta iniciativa y de entre ellos podemos destacar
a Manolo Valdés, Genovés, Úrculo, Eduardo Chillida, Canogar, Gordillo, etc…”
Viendo los maniquíes vestidos con estos elegantes modelos me
hace pensar cómo cada uno de nosotros es un artista nada más saltar de la cama.
¿Los veis tan diferentes de la gente con la que nos cruzamos a diario por la
calle? Tal vez los modelos con falda muy ancha no se ven tan a menudo, pero
sólo porque son más incómodos para la vida diaria y se reservan para las
fiestas, donde (a no ser que seas el anfitrión) no hay más trabajo que comer,
beber y hablar, tarea nada complicada para la mayoría de los seres humanos.
Efectivamente, todos tenemos una gran intuición artística
que nos permite combinar la ropa y ser creativos nada más levantarnos.
Transmitimos nuestro yo con los vestidos que nos ponemos. Contamos estados de
ánimo y situaciones vitales. Es nuestra segunda piel. Sabemos combinar colores
y acompañarlos con detalles inteligentes que le dan un punto de interés a la
obra que somos nosotros mismos. Y así, al venir al taller realizamos el camino
inverso al que recorre el diseñador Manuel Fernández. Él toma lenguajes
pictóricos y los convierte en formas de vestir. Nosotros nos vestimos cada día
creativamente y después somos capaces de transmitir esos lenguajes en la
pintura.
viernes, 26 de abril de 2013
+ Óleo sabroso
Hay en la calle Missió de Palma un hotel con personalidad
propia. Tal vez no nos hayamos dado cuenta al pasar pues esta antigua vía es
estrecha y poco luminosa. Las casas dan descaradamente la espalda al viandante,
mostrándole su faz más insulsa. Es la ciudad musulmana, la que vive puertas
adentro y reserva sus placeres sensoriales sólo para los moradores. Antiguo
convento dedicado en su día a la formación de padres misioneros, está ahora
totalmente renovado. El elegante hall de entrada enfila directo hacia una
hermosa estancia abovedada que mira al jardín. Este espacio se ha dedicado a
sala de exposiciones y está abierto al público.
Actualmente podéis visitar la muestra de Natasha Zupan titulada
“Mentiras piadosas – White lies”. La mayor parte de las obras son de pequeño
formato, agrupadas en constelaciones según su tipología. Los materiales
utilizados son muy variados, desde el pan de oro a la cera virgen, las telas
bordadas o el papel impreso. Pero el gran protagonista de la sala es el óleo.
Esta técnica que revolucionó el renacimiento y puso punto y final al uso del
temple al huevo, fue abandonada por las corrientes de vanguardia americanas.
Éstas adoptaron el uso de la pintura acrílica como materia prima. Permitía
cubrir grandes superficies fácilmente y a un precio mucho más asequible que el
óleo. Además, al disolverse con agua eliminaba los desagradables olores tóxicos del
aguarrás. El acrílico se convirtió en señal de modernidad. Facilitaba toda
clase de gamberradas, secaba rápidamente y acompañaba la formación de texturas
de todo tipo al añadirle materiales de carga.
El óleo, pobrecito, pasó de ser garante del arte con
mayúscula a quedar relegado a las academias de pintura tradicional decadente.
Sin embargo, este material todavía tiene mucho que decir. Su consistencia grasa
le da un cuerpo que sólo consigue el acrílico a base de añadir pastas de
moldeado. Su color brillante y saturado cautiva la vista. Su brillo melífluo no
tiene parangón. Natasha Zupan lo reinterpreta con maestría. Lo empasta, lo
moldea, lo esculpe. Está acompañado de muchos materiales que forman parte de la
tradición pictórica europea, como el pan de oro, reformulados a un lenguaje
actual. El trabajo de Zupan evoca tiempos pasados con técnicas vanguardistas.
Todo un banquete para nuestros ojos.
viernes, 19 de abril de 2013
+ La balsa de la vida
Todos navegamos en un mar incierto y a pesar de nuestro
empeño en mantener la embarcación a flote, el paso del tiempo podrá con ella.
La belleza de la vida es exuberante y pasajera a la vez. Nuestro amor a la
existencia está teñido por el dolor de la pérdida. Aquí está el drama que nos atrapa
y que el arte refleja una y otra vez, pues no llegamos a comprender el fondo de
tanta contradicción.
Este destino inexorable se percibe en toda su intensidad en
las fotos de la artista Helen Pynor. Australiana de origen, vive en Londres y
si alguno tiene la fortuna de viajar en breve a esta ciudad podrá contemplar
las obras en la galería Dominik Mersch en una exposición titulada “The life
raft” (la balsa de la vida).
El punto de partida es una colección de insectos y
crustáceos que descubrió en su tierra natal. Se sabe por las anotaciones que
fueron recolectados en Europa y África a partir de la década de 1760 y
continuando hasta el siglo XX. Sin embargo la historia del coleccionista(s) y
del periplo de las muestras hasta Sidney se ha perdido. El hallazgo habla de la
disolución tanto de los especímenes como de aquellos que los recogieron.
La autora ha fotografiado los animales en descomposición con
toda la carga romántica que los envuelve. Vivos colores y montones de polvo,
delicadas anotaciones científicas junto a patas y alas rotas. El premeditado
orden y alineación se va perdiendo a medida que los insectos se desintegran.
Para enfatizar el efecto ha utilizado las técnicas fotográficas tradicionales y
láminas de gelatina de plata para crear imágenes atmosféricas que encarnan los
ricos tonos y la complejidad de la colección. Estas imágenes están enmarcadas
en unos cajones de madera acristalados iguales a los que poseía el material
original.
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