viernes, 23 de octubre de 2020
viernes, 16 de octubre de 2020
+ Una chimenea, un faro +
Os muestro un último grafiti que pude contemplar en Ribadeo, parada final del viaje de este verano. Está planteado en una de esas fachadas inverosímiles que pueblan nuestras ciudades modernas. Esos muros espantosos que truncan el final de muchos inmuebles, hijos de aquella época de construcción inmobiliaria desquiciada allá por los años 60, que desfiguró muchos barrios con cambios absurdos de planteamiento, saltos irracionales entre las alturas permitidas y desarrollo sin freno.
Generalmente vemos grafitis que ocupan los espacios de las paredes sin tener muy en cuenta en lugar donde están pintados. Los artistas tienen en mente una imagen y simplemente la adaptan al recuadro que encuentran vacío, sin preocuparse del lugar o la forma donde está situado. Esta imagen, en cambio, tiene una composición especialmente inteligente, porque el autor, además de revitalizar ese paredón, utiliza la chimenea que está en la cima para dar sentido a todo el conjunto. O sea, que primero ha visto el muro, ha reflexionado sobre él, ha imaginado sus posibilidades, y por fin ha encontrado la imagen que se adecúa mejor al lugar. Así, esa prominencia arquitectónica, que es una salida de humos, alberga el final de un faro situado sobre unos acantilados típicos de la costa cantábrica. Para compensar este deseo de verticalidad con un formato tan cuadrado de fachada ha utilizado el recurso a las líneas horizontales de las brumas, que completan el paisaje y convierten ese contraste en algo natural, necesario.
Hasta parece que el banco de la acera que está al pie del risco se integra en el conjunto con naturalidad, y podemos sentarnos allí y descansar a la vera del promontorio.
viernes, 9 de octubre de 2020
+ Grandes lienzos +
Una de las exposiciones que pude visitar este verano fue la de Joan Bennàssar, en el convento de Santo Domingo de Pollença. Eran unas piezas enormes que, situadas en los vanos de las capillas, se integraban fantásticamente con el lugar expositivo. Todos conocéis la obra de Bennàssar, con sus superficies genialmente trabajadas y sus figuras trazadas con líneas sencillas y cercanas, humanas.
Claro, el ojo con el que yo miraba la exposición era el de un pintor, compañero de oficio, y por eso algo que me llamó la atención fue el montaje de las telas. Probablemente todos los que habéis hecho grandes formatos sabéis lo aparatoso que resultan esos bastidores de madera, que no caben en ningún coche ni furgoneta, ¡y lo que pesan esos cuadros! Bennàssar había resuelto el problema eliminando toda la estructura del bastidor. El lienzo estaba sujeto simplemente por unas gruesas barras metálicas en la parte superior e inferior, unidas a través de aros de alambre a la tela. Asemejaban tapices, grandes tapices con figuras tristes. Porque los grupos de personas parecían melancólicos, apesadumbrados. Casi se podía leer el drama del coronavirus entre líneas, aunque estoy seguro que empezó a pintarlos antes de todas estas calamidades actuales.
Hace tiempo también utilicé la idea del tapiz para unos grandes lienzos que colgué en casa. Pero en vez de pesados tubos de metal situé un listón de madera arriba y otro abajo. Luego, al venir el buen tiempo y abrir las ventanas, la brisa que circulaba por la casa movía las telas y desde la cocina oía golpear el listón inferior sobre la pared. Tuve que atornillarlo al muro para que el viento no jugara con mis cuadros. Al salir de la iglesia de Santo Domingo imaginé una tempestad de verano, con sus rachas de viento entrando en el templo y zarandeando las telas de Bennàssar. Creo que resistirían perfectamente al capricho de la meteorología.
viernes, 2 de octubre de 2020
+ Cosas que vi este verano II +
Seguimos andando por Asturias, tierra de vacas y de girasoles, sobre todo caminando junto al mar. La semana pasada os mostré un grafiti entrañable que alguien quiso dedicar al pequeño de la casa. Cada vez se ven más pinturas hechas en las paredes por el simple placer de pintar e inventar. Los observadores nos deleitamos en la destreza del artista, su creatividad, ingenio y capacidad para abarcar esos espacios enormes de los muros.
Pero a veces el grafiti es un grito que clama al público, o al cielo. “Vacas sí, oro no”. Cuando encontré este mensaje me quedé intrigado ¿Qué pretende el autor con semejante afirmación? Claro, hay códigos que sólo los que son de allí pueden entender. Nosotros, turistas extraterrestres que acabamos de hollar por primera vez esas tierras no podemos conocer sus pesares y preocupaciones, sus luchas y discusiones.
Luego, volteando la esquina del edificio, con unas letras improvisadas y desmañadas, se entendía todo: “Mina no”.
Mina no, vacas sí.
Entonces lo comprendí. Y se abrió ante mí el drama del campesino que ve el agua sanadora y cristalina que baja de los Picos de Europa embarrada y sucia por la avaricia del alma que codicia el brillante metal. Unos pasos más allá, las vacas impasibles e ignorantes del destino del corazón de la montaña.
viernes, 25 de septiembre de 2020
+ Cosas que vi este verano I +
Me gusta a principio del curso contaros algunas de las cosas que vi este verano y que me sorprendieron o inspiraron. Pero lo cierto es que ha sido un verano atípico. A principio de julio estuve caminando hacia Santiago. Este año recorrimos las etapas desde Oviedo hasta Ribadeo (así que ya hemos entrado en Galicia, el final se acerca). Hicimos gran parte de la costa asturiana, que es salvaje y virgen en su mayoría. No hubo museos, ni exposiciones, y apenas vimos grafitis, pero tuvimos una sensación de libertad extraordinaria. Algún pequeño detalle sí encontramos, como este anexo completamente cubierto de colores. Seguro que en esta casa hay niños. Aunque la mente que ha dirigido este paisaje es adulta, ha querido alegrar a los pequeños de la casa. Representa la región que estábamos cruzando, con sus montañas al fondo, sus prados llenos de vacas y mariposas y su mar al final del acantilado, con faro y todo. No falta detalle, y me encanta el hecho de que está perfectamente circunscrito a la arquitectura excepto en la zona del mar, donde las olas que arrastran medusas y calamares cruzan el límite del muro y siguen más allá. El mar, siempre bravo e incontenible, y qué diremos del Cantábrico.
¿Qué hay en el centro de todo este panorama multicolor, rodeado de aviones y perros, casas y flores, estrellas, barcos, pulpos y árboles? Sabe más de lo que parece el artista que ha diseñado todo esto, pues en el centro me ha puesto a mi.
Bueno, a mi o a ti, o a él, o a ella. Cada uno somos el centro de nuestro mundo, y todo rueda a nuestro derredor. El universo tiene sentido en referencia a nosotros, que lo experimentamos, y damos sentido a la construcción que hacemos de lo que vivimos. Somos el centro del mundo. Al menos del nuestro.

















































