viernes, 18 de octubre de 2013
viernes, 11 de octubre de 2013
+ Saliendo del muro +
En este mundo acelerado donde la juventud, según las
estadísticas, cambia de móvil cada seis meses, la novedad vende. Y el mundo del
arte está contagiado de este frenesí. Los artistas buscan crear marca, que se
les conozca fácilmente y destacar innovando. Hacer algo singular, que no se
haya creado todavía, es un billete hacia el éxito. Pero si la propuesta busca
sólo llamar la atención, hacerse oír dentro del ruido general gritando más
fuerte, carece de contenido y su interés caerá rápidamente. En cambio, cuando
la obra de arte nace del trabajo y la maduración, de la investigación seria y
la búsqueda de nuevas formas de expresarse, creará escuela.
El artista Matteo Pugliese nació en Milán en el 69 (somos de
la misma quinta), donde cursó sus estudios, graduándose en literatura moderna.
Desde joven se dedicó al dibujo y la escultura de forma autodidacta. En 2001
inauguró su primera exposición, empujado por sus amigos, que le insistían en
que hiciera público su trabajo. Después, su obra se ha expuesto en galerías de
Italia y de medio mundo.
Pugliese esculpe cuerpos humanos. Este tema cayó en
desgracia después de la vanguardia. Tal vez porque lo moderno asimilaba el
modelo a la odiada Academia y sus artificios. En el nuevo arte, si aparecía la
figura humana estaba deformada, alargada, estrujada, perforada o simplificada.
El cuerpo del hombre y la mujer, real o idealizado, se quedó abandonado en los
museos de Arqueología y la línea geométrica se apoderó de los volúmenes.
Él, en cambio, rescata el cuerpo físico, pero no a la usanza
tradicional. Sus figuras, en vez de reposar sobre un pedestal, salen del muro a
modo de superhéroes de película (la complexión física de las estatuas también
sugiere el mundo del cómic). Más que sus obras presentadas fríamente en una
galería, me sorprenden cuando están integradas en un ambiente. Si miráis su
web (matteopugliese.com), en el dossier de prensa podéis ver las esculturas instaladas en casas,
salones, terrazas. En estos lugares la figura entabla un diálogo con los
objetos que la rodean. Es cierto que estos bronces nos provocan inquietud y
desasosiego. Los críticos hablan del “hombre cautivo del muro” cuando se
refieren a él.
Pugliese ha conseguido realizar un trabajo personal, propio
e inconfundible. Su propuesta es innovadora y llamativa, pero no está vacía.
Los bronces están elegantemente trabajados: las expresiones de la cara, las
posturas, los acabados de la piel, todo está espléndidamente conseguido y
permite que sus figuras rebosen significado y simbolismo.
Sorprende que junto a esta serie de piezas el artista
muestre en su web otra obra a la que se dedica paralelamente. Se trata de una
extensa colección de samurais y otros guerreros de fantasía hechos de
terracota, de lo más kitsch. Son como personajes de videojuego, estrafalarios y
aparatosos. Comprendo su pasión por estas figuritas de juguete pero no la
comparto. Sin embargo, suponen un eslabón necesario en la evolución artística
de Pugliese y seguramente un divertimento frente al dramatismo del otro
trabajo. Al final, los juicios de valor sobre lo que verdaderamente es bueno
son tan relativos como lo son los intereses de cada uno. Preguntad al joven de
la casa, tan aficionado a los juegos de ordenador, cuál de las dos series le
interesa más…
viernes, 4 de octubre de 2013
+ Dibujo y soledad +
La semana pasada hablábamos del dibujo como herramienta para
estimular la creatividad e investigar nuevas formas de expresión. Hoy en día
cada vez se le da más importancia a esta disciplina y esto ha favorecido el
surgimiento de colecciones de arte moderno compuestas exclusivamente de
dibujos. Es el caso de la actualmente se está exponiendo en el Casal Solleric y
que no podéis dejar de ir a ver.
La Colección de Dibujos DKV comenzó a gestarse con el
propósito de humanizar y hacer más amables los espacios comunes del Hospital
Marina Salud de Dénia, en la Comunidad Valenciana y pronto traspasó los muros
del recinto. Podéis contemplar todo tipo de propuestas: figurativas,
abstractas, simples, eclécticas, atrevidas… Pero todas con un marcado cariz
actual, contemporáneo, a pesar de seguir empleando los mismos instrumentos de
siempre. En palabras de la comisaria Alicia Ventura:
“Más allá de los diferentes enfoques y estilos, el
protagonismo que vuelve a tener hoy el dibujo reside precisamente en su
sencillez extrema, en la humildad de un procedimiento que contrasta con el
mundo que nos rodea, donde reina la desmesura tecnológica y el exceso de
artificio. Frente a todo ello, resiste inalterable la fascinante capacidad de
atracción del dibujo”
De todas las propuestas he seleccionado cuatro, un
carboncillo obra de Marta Blasco, dos acuarelas de Sito Mújica y una tinta
china de Andrea Canepa. Las dos primeras figuras están de espaldas. Su actitud
es confusa. La mujer tiene interrumpida su visión por una maraña de ramas
muertas que parecen abrazarla, poseerla, a modo de telaraña. El joven se aparta
de nosotros, sus preocupaciones le aislan de la realidad y su rostro cabizbajo
denota sufrimiento. Los otros dos personajes nos miran a la cara pero no
directamente, sino por el rabillo del ojo. Su mirada esquiva revela
desconfianza y lejanía. Así nos vemos a nosotros mismos en esta sociedad
hipertecnológica de la que nos habla la Alicia Ventura. Somos libres para
vestir como queramos (fijáos en las ropas de los retratos), para ir donde
nuestra imaginación vuele, para hablar como nos de la gana. Y sin embargo la inquietud
nos embarga. Estamos hiperconectados (no hablemos ahora con el whatsapp), con
todos nuestros amigos a un toque y nos sentimos solos, desamparados,
imcomprendidos. ¿Se sintió así el hombre antiguo? Tal vez por eso dibujaba en
las paredes de las cuevas.
viernes, 27 de septiembre de 2013
+ El placer del dibujo
Hemos iniciado el curso y muchos de vosotros habéis querido
empezar dibujando. Las razones son diversas aunque principalmente hay dos:
después de dos meses de relax empezar por algo simple parece lo más adecuado;
también algunos de vosotros queréis encontrar nuevos horizontes en vuestro
trabajo y el dibujo estimula la creatividad. Sí, pero dibujar ¿qué? Y ¿cómo?
La fotografía acabó con la exclusividad del dibujo como
representación de lo real. Desde el renacimiento el esfuerzo por contar la
realidad de la forma más fiel y acertada posible era un trámite ineludible para
la carrera de un artista. Horas y horas de dibujo de estatuas de yeso, poses
interminables de modelo humana, carboncillo y más carboncillo. Pero al
popularizarse las cámaras de fotos cualquiera podía tener un recuerdo mucho más
fiel que el mejor dibujo de un profesional. El arte tuvo que redefinirse y
buscar un nuevo sentido. La revolución moderna tardó en llegar a las facultades
y escuelas superiores.
Cuando empecé Bellas Artes, a principios de los 90, en
Madrid la enseñanza era un refrito de academia clásica y vanguardismo. Por un
lado el profesor de anatomía nos
exigía aprender los nombres y posición de todos los huesos del esqueleto y sus
músculos y por otro el titular de pintura
suspendía a todo el que realizara una obra realista. Era una esquizofrenia.
Algunos profesores estaban convencidos que el arte había muerto y no aparecían
por el aula. Otros, como el de perspectiva,
suspendía al 80% de la clase por no dominar el gran hallazgo del siglo XV
formulado científicamente (tuve compañeros que llegaron a terminar la carrera y
no obtuvieron el título al no poder superar esta asignatura). El maestro de procedimientos artísticos nos obligaba a
pintar al temple, como Giotto, sobre una imprimación clásica hecha a base de
cola de conejo elaborada al “baño maría”, pero para el catedrático de pintura
era más importante lo que escribías en el papel del examen que lo que habías
pintado durante todo el año en el taller.
Somos hijos de estas contradicciones y todavía no hemos
llegado a la síntesis. Sigamos a Aristóteles y busquemos el equilibrio, la
virtud del medio. Aprender a representar lo que vemos de una forma acertada es
una destreza digna de ser adquirida, pues nos da libertad y control. Buscar
otros caminos que van más allá de contar sólo lo que vemos es nuestro deber.
Agustín Valle, en un artículo titulado “nada de dibujo”,
propone el ejercicio de dibujar sobre una superficie empañada. Cita para ello a
J. Cortázar:
“Reflexión matinal: siempre me gustó escribir y dibujar en
los vidrios empañados. Materia tan tersa, al dibujar la luz de fuera se alegra
del trazo y penetra de lleno. / Al cabo de un rato, el dibujo se chorrea, se
reduce a un informe montón de lágrimas, las caras se pudren, se desprenden a
pedazos. / (…)”
La semana pasada os contábamos la libertad con que los niños
convierten el arte en juego ¿Cuánto tiempo hace que no dibujáis nada en el
espejo del baño? El dibujo sobre el vaho tiene el valor de lo efímero, nos
habla de fugacidad y sutileza. ¿Por qué no probáis esta semana a utilizar la
pizarra que aparece tras ducharos y gozáis con la línea que sigue a vuestro
dedo? Agustín Valle recomienda utilizar el dedo meñique para conseguir líneas
de gran delicadeza…
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